Impromtus

Eugenio Gil Gil - Notario 52 de Bogotá

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Eugenio Gil Gil - Notario 52 de Bogotá

Garras de oro - The dawn of justice (1926)

La película colombiana que asustó a un imperio

I. Introducción.

Una centuria más un lustro ha cumplido el Canal de Panamá desde su apertura a la navegación, el 15 de agosto de 1914. La inauguración de una de las más grandes construcciones del siglo XX no correspondió, ¡vaya paradoja!, a la recién creada nación que luchó durante más de medio siglo por su derecho legítimo a ejercer soberanía sobre “la joya de América”, como denominó Simón Bolívar a ese estratégico territorio.

Los acontecimientos que precedieron a los 4 días más intensos de noviembre de 1903 de la historia americana, siguen siendo hoy objeto de investigación, social y político. Hace casi una década la editorial Destino publicó un libro con un explosivo nombre: “El país creado por Wall Street. La historia prohibida de Panamá y su canal”. Su autor, exasesor legal del banco de John Pierpont Morgan, el J.P. de Nueva York, narra cómo el presidente Teddy Roosevelt ejecutó un acto contrario al derecho internacional para satisfacer, no solo su ego autoritario, sino también los intereses económicos de un puñado de inversionistas y políticos ambiciosos, y desalojar a los franceses contratados para construir un canal interoceánico en el Departamento de Panamá, entonces territorio colombiano. El libro es del panameño Ovidio Díaz Espino, Doctor en Leyes de Berkeley. En una entrevista, a la pregunta "¿Qué importancia tiene esta historia 100 años después?", Díaz respondió: “Quiero que la gente conozca un capítulo de la historia del mundo que derrotó a la República Francesa, a un gobierno Colombiano, creó una nueva República, removió las bases políticas en Washington con corrupción y dio a luz al imperialismo americano en América Latina" (http://www.angelfire.com/nb/17m/wallstreetcn.html).

En 1926, cuando el cine despegaba como arte y como industria y era Estados Unidos el escenario más propicio para su desarrollo, dada ya su condición de potencia económica y tecnológica, un importante personaje político de Santiago de Cali, Colombia, concibió este sorprendente proyecto cinematográfico que refleja los sentimientos despertados por aquellos aciagos hechos de la historia nacional. El resultado final de esa atrevida propuesta fue el largometraje Garras de Oro o The dawn of justice, una producción rodeada de tantos misterios y vicisitudes, y una efímera existencia, como también lo fue la revuelta independentista de Panamá, que sólo produjo dos muertos por una ráfaga involuntaria del buque “Cartagena”: Un chino y un burro que se hallaban en las costas de Colón, a 80 km de donde se concentraron los rebeldes (Alarcón, 2010).

Garras de Oro es una joya cinematográfica del cine mudo. Es la primera película antinorteamericana de la historia y fue reconstruida en casi un 85% de sus 65 minutos. Y un verdadero thriller, digno de otra película, constituye su censura, incendio y hallazgo. De enorme valor histórico y calidad estética, denuncia el poder de las élites económicas que rodean e integran la política norteamericana, así como la debilidad del sistema jurídico internacional. Un relato de ficción basado en un hecho real. Curiosamente el autor la categorizó como “cine-novela”, género que la historiografía del cine no refiere. Se exhibió por primera vez el 13 de marzo de 1927 en el Teatro Salón Moderno de Cali, de donde desapareció después de que se incendió en 1928. Fue restaurada por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano y dada a conocer internacionalmente en el Sexto Simposio de Cine Huérfano (Orphan Film Symposium) organizado por la Universidad de Nueva York, el 29 de marzo 2008, por invitación expresa de uno de sus principales organizadores, el cineasta Dan Streible. A pesar de la discontinuidad de los fotogramas, el fascinante hilo conductor de Garras de Oro se logró. Una producción de “Cali Film", empresa desaparecida tempranamente y de la que no hay registros.

Varios temas argumentales estructuran la producción: La libertad de prensa ("Las naciones prosperan o decaen simultáneamente con su prensa": Pulitzer), el valor de los tratados internacionales entre naciones desiguales ("Los tratados públicos son pedazos de papel": Roosevelt) y  la opinión pública estadounidense como factor de poder, que castigó con la no reelección a Roosevelt en 1908, seguramente por las denuncias de la prensa libre, en este caso el diario amarillista The New York World (The World en la película), bajo la batuta de Joseph Pulitzer, su dueño, y Frank I. Cobb, su editor desde 1904. Ambos fueron acusados de difamación por el “rough rider” (el duro jinete), en plena campaña de 1908, a causa del editorial publicado en "la antorcha más luminosa de la prensa", como calificaron al periódico en Garras de Oro. En derredor de este episodio giran las demás narraciones de la película.

La imaginaria búsqueda de pruebas en Garras de Oro, para afrontar ese juicio por calumnia, es el argumento central de P. P. Jambrina (seudónimo del creador del largometraje), para su historieta política y de amor. En Caliwood, portal que registra un valioso material sobre el cine, se lee:

“La maquinaria diplomática que montó EE.UU. en aquella época, para impedir que se exhibiera el filme, no fue del todo exitosa, pues se sabe que hubo por lo menos cinco presentaciones de la cinta en Cali, Buenaventura, Barranquilla, en Medellín o en Puerto Berrío y en Buenos Aires, Argentina.

La película estuvo perdida durante muchos años, hasta que en 1985, el cinéfilo caleño Rodrigo Vidal, descubrió una copia escondida en el Teatro Jorge Isaacs, que la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano solo pudo restaurarle 56 minutos, incluyendo el inicio, el final y tres rollos intermedios.

El filme se convirtió además en la primera película colombiana en exhibir algunos de sus fotogramas coloreados a mano"

Al final se encuentra el enlace para ver la película. 

II. ¿Qué hay detrás de un nombre? ("...la garra de oro es más fuerte que el honor de los pueblos...").

Garras de Oro, es su nombre en castellano. La primera escena de la película muestra al icónico Tío Sam frente a un mapa de Colombia en los albores del siglo XX. Sus garras se desplazan hacia el Istmo de Panamá, para desmembrarlo del territorio nacional y se aprecia que el color de las enormes uñas es diferente. 

No tiene Estados Unidos un escudo como símbolo de la Federación. Pero, desde el 20 de junio de 1782, y a pesar de la oposición de Benjamín Franklin, partidario de utilizar un pavo salvaje, el Congreso aprobó la figura del águila en el Great Seal, utilizado en documentos oficiales, como los pasaportes. Puede verse en el gran sello que el pico y las garras del águila calva o marina, o cabeza blanca, son de color oro. Ni en la página web oficial, ni en la amplia reseña de Wikipedia en inglés se explica por qué su diseñador, Charles Thompson, escogió esta coloración para dicho símbolo. Las garras doradas del águila explican, pues, el despojo narrado por el enfurecido empleado del consulado de Colombia en “Rascacielo” (Nueva York), don Pedro González, padre a su vez de Berta, personaje de la historia de amor que se desarrolla en el film.

The dawn of justice, su título en inglés. Así lo afirman, sin decir de dónde lo tomaron, quienes son considerados padres putativos de la película huérfana. Traducido al español como “La alborada de la justicia”, es el sentido de una frase pronunciada por uno de los altos ejecutivos que discuten en Battery Club, un lugar para la élite neoyorquina. “Es la justicia que al fin llega”, reprocha a quien critica el editorial de The World y en el que se ataca el papel jugado por el Gobierno de Theodore Roosevelt en la separación de Panamá y los oscuros negocios que rodearon el apoyo de los Estados Unidos a los independentistas, contra lo pactado en el Tratado de 1846.

III. Garras de Oro, “cine-novela” silente que asustó a un Imperio. ("Esta política de absorción por el dollar nos traerá algún día, no muy lejano, el odio y el rencor de todos los pueblos de la tierra". The World). 

Veintitrés años habían pasado desde la separación de Panamá, hasta el punto que las relaciones entre Colombia y los Estados Unidos estaban normalizadas plenamente desde la ratificación, en 1921, del Tratado Urrutia-Thompson, del 6 de abril de 1914 y, sin embargo, suscitó en el gobierno norteamericano de Calvin Coolidge un gran temor, hasta el extremo de impedir su exhibición y perseguirla de manera secreta.

La censura contra Garras de Oro se produjo principalmente en los cinematógrafos colombianos. La investigación de Suárez y Arbeláez (2009) da cuenta del hallazgo casual del historiador colombiano Jorge Orlando Melo, en 1982, en los Archivos Nacionales de Maryland. Buscaba documentos desclasificados sobre el país y encontró un inusual oficio de un diplomático referido a la película: "La carta que más recuerdo -narra el historiador- era una de San José de Costa Rica, firmada por el cónsul, que en esencia decía: ’No hay que preocuparse, pues yo soy el dueño de todos los teatros de San José y me encargaré de que no se publique’". La condena y persecusión contra Garras de Oro fue, como se advierte, internacional. Lo cierto es que el Salón Moderno, donde se exhibió por una sola vez la película, se incendió en junio de 1.928. Alguien la había escondido en lugar seguro del escenario y fue encontrada 60 años más tarde en el Teatro Jorge Isaacs, que se levantó sobre las cenizas del Moderno.

Todo es misterio en Garras de Oro. Así, tras décadas de silencio se ha concluido que la película, al menos en parte, fue filmada en Colombia, pero su postproducción debió hacerse en otro país, seguramente en Italia. Los créditos que aparecen en la tarjeta inicial del film correspondan a personajes supuestos, todos con nombres italianos, y no se identifican a los protagonistas principales. Obvio, porque su director sabía de antemano de la persecución de la que sería objeto. En efecto, en la sinopsis que aparece en el portal oficial de Proimágenes Colombia se sostiene que ya el gobierno norteamericano le estaba haciendo seguimiento al trabajo fílmico: “Se trataba de información escrita en 1926 que revelaba el interés del cónsul de los Estados Unidos en Cali para impedir que se adelantara la posproducción en Italia de “una película de inversionistas caleños”, pues se sabía que su contenido ofendería a los Estados Unidos”. Ergo, antes de la exhibición en el Teatro Moderno de Cali, el 13 de marzo de 1927, su productor tenía que haber conocido de ese cablegrama, porque pertenecía a la élite caleña, de la cual fue su alcalde, y por su condición de periodista e investigador.

P.P. Jambrina es el supuesto director y productor de Garras de Oro. Suárez y Arbeláez (2009) verificaron que su verdadero nombre es Alfonso Martínez Velasco, quien había usado ese seudónimo desde 1915. Fue un político liberal, alcalde de Cali en 1930, cronista de prensa, comerciante, editor de revistas y empresario de salas de cine. Parece que Garras de Oro fue su única película y después de 1927 no aparecieron crónicas periodísticas bajo la firma de “Jambrina”. Los citados investigadores sostienen que los otros nombres acreditados corresponden a técnicos italianos, pero es más lógico suponer que, así como encubrieron al director, igual pudo suceder con los actores principales y de reparto. También afirman que la identidad de la pareja de protagonistas son el colombiano Jorge de Hoyos y la italiana Lucía Zanussi. Si bien el parecido de ésta con Berta González es evidente, no se tiene conocimiento de que la exitosa actriz florentina, involucrada en varias producciones conocidas entre 1925 a 1929, hubiere estado en Colombia. La prensa no habría pasado por alto semejante suceso. A menos que, como lo señalan los investigadores citados, la película se hubiera grabado, en su mayor parte, en Italia. Sin duda, los grandes y elegantes edificios, así como el personal secundario que actúa en la película, no parecen ser de Cali ni de Bogotá. También podría ser Buenos Aires, donde a pesar de la persecución, sí fue exhibido el film. Además, se emplean términos y giros idiomáticos del lunfardo. Tampoco parecen ser colombianos los actores secundarios que, en cantidades, aparecen en la película.

IV. El amor como proscenio de un zarpazo imperial. ("Mañana parto en el vapor Atlantic en busca de mejor fortuna. Espero regresar más digno de tí y de tu perdón", Paterson)

El noviazgo entre Berta González, la hija del funcionario del consulado de Colombia en Rascacielo, y Paterson, un detective del Gobierno de Yanquilandia (obvias referencias a ciudad y nación conocidas) sirve de trama a la historia del enjuiciamiento de James Moore, director del diario de The World. A raíz del reclamo de don Pedro a Paterson, por no brindar por la futura caida de Roosevelt, el oficial arrepentido se pone del lado del editorialista perseguido por el gobierno y se compromete con él a conseguirle la prueba documental del Tratado de 1846 entre Estados Unidos y la Nueva Granada, necesaria para rebatir el indictment por calumnia, cuyo ejemplar no estaba en poder de la defensa. 

Pero el detective es descubierto con Ketty, bailarina de un club de Rascacielos, en libidinosa escena. Ella, al ser despreciada por el infiel sabueso, lo indispone con el Jefe de este y lo acusa de espionaje a favor de Colombia. Ordena el alto oficial, entonces, vigilar los pasos de su subordinado y envía a Ketty a seguirlo hasta Colombia. Allí, el agregado comercial Russel Smith, cercano del senador opositor Barrington y amigo de Moore, estaba intentando colaborar en la búsqueda del documento, cuando fue descubierto por la danzarina. Y ante la falta de comunicación de sus aliados en Colombia Moore sospecha de la lealtad de Paterson y Smith, por lo que envía otro investigador a Honda, puerto del Río de la Magdalena.

La inconsolable Berta, engañada y abandonada por su novio, sufre la pérdida de su padre y queda en lamentable estado de pobreza. Se vincula a The World, pero por la pérdida de fragmentos de la película no se logra establecer qué tipo de relación hubo entre ella y Moore mientras Paterson permaneció fuera de los Estados Unidos. Al final se observan muy cercanos, pero más por el afecto que el editorialista muestra hacia Colombia. La reconciliación se produce en el instante mismo de la etapa final del juicio contra Moore y se muestra la excelente relación entre la pareja y el dueño del periódico.

V. Panamá “emporio del universo”. (“¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!” Bolívar, Carta de Jamaica)

La acción de Paterson en Colombia dio por fin frutos. Luego de una lucha de espionaje y contraespionaje, cuando de manera secreta eran transportados de Bogotá a Estados Unidos, vía a Colón en el Caribe, los documentos fueron hurtados en el trayecto fluvial del puerto de Honda hacia Barranquilla. Son presentados ante la Corte que juzgaba al editorialista de The World, en el preciso instante en que los jueces se aprestaban a dictar sentencia. A raíz de la prueba argüida por el abogado de James Moore, éste es absuelto. La celebración, por haberse truncado el propósito reeleccionista de Roosevelt y el resultado de la demanda por calumnia de este contra los responsables del periódico, concluye con una profecía más sobre Panamá.

Ha de recordarse que fue primero Bolívar, cual oráculo griego, quien pronunció las primeras predicciones sobre el Istmo. En su “A Friend” o “Contestación de un americano meridional a un Caballero de esta Isla [de Jamaica]”, el Libertador visionó sobre el Istmo dos grandes realidades: Una: Que sería una Nación asociada con las otras de la América Central, hasta Guatemala. La otra: Con el tiempo habría de ser un país pujante y lleno de grandeza, hasta convertirse en “la capital de la tierra como pretendió Constantino que fuese Bizancio la del antiguo hemisferio”. La primera se cumplió en 1903, pero no se vislumbra cien años después algo así como la efímera Federación de los Estados del Centro de América de la primera mitad del siglo XIX. En cuanto a la segunda, el desiderátum comenzó a concretarse desde la celebración del Congreso Anfictiónico en 1826. Pero ocurrieron desgraciadas contingencias, como el asesinato de la persona escogida por Bolívar para llevar a cabo su ideario panamericano, el joven y radical tucumano Bernardo Monteagudo.

A la Conferencia de 1826 los anfictiones de los Estados Unidos llegaron tarde. Sin embargo, a la postre mayor provecho sacaron de su visita, pues ya se planteaba la construcción de un canal interoceánico. A partir de entonces se produjo una avalancha de misiones de políticos-inversionistas norteamericanos, hasta lograr firmar con la República de la Nueva Granada el Acuerdo de Paz, Amistad, Comercio y Navegación o Tratado Mallarino-Bidlack, el 12 de diciembre de 1846. El interés del gobierno de James Polk era asegurar una ruta que acortara las 13.400 millas náuticas que debían recorrer los barcos norteamericanos para transportar, entre sus dos costas, personas y mercancías y, lo más importante, el correo, sorteando el peligroso Cabo de Hornos. A sabiendas de que una empresa francesa había logrado de la Nueva Granada una concesión, en 1839, para construir un canal entre la Ciudad de Panamá y cualquier punto sobre el océano Atlántico, lograron el compromiso de que se les permitiera transitar a través del Istmo, sin pago de peajes, mediante cualquier medio de comunicación presente o futuro. A cambio, Estados Unidos se comprometía a garantizar la integridad y soberanía neogranadina sobre su territorio. Tal fue el pacto violado por Roosevelt, que Pulitzer denunció en el New York World, y por el cual el presidente lo demandó. La Suprema Corte, en última instancia, rechazó la acusación en defensa de la libertad de prensa, sentencia que catapultó a la fama al rico precursor del periodismo sensacionalista en el mundo.

El brindis de Moore al cierre de Garras de Oro es por Colombia, y allí de manera lapidaria se refirió al Canal de Panamá como “…esa faja de tierra que no nos pertenece, ni nos pertenecerá nunca, porque forzosamente todo tratado será la aceptación de los hechos cumplidos”.

Y así ocurrió. Estados Unidos tuvo que devolver el canal. No a Colombia, a la que recompensaron con 25 millones de dólares, recibidos de manera humillante por su Gobierno. Como se dice en este país: “¡Del ahogado… el sombrero!” Con la sentencia absolutoria del periodista, queda el contundente veredicto moral:

“Porque sobre el derecho brutal de la fuerza y las bocas de los grandes cañones están la fuerza del derecho y el símbolo eterno”.

Acá puede verse el largometraje: https://www.youtube.com/watch?v=2LInJpP4DTk

VI. Referencias bibliográficas.

Alarcón, Ó. (2010). Panamá capital de Colombia. Historias de una propuesta. Bogotá: Politécnico Grancolombiano.

Asimov, I. (2010). Los Estados Unidos desde la Guerra Civil hasta la Primera Guerra Mundial. Madrid: Alianza Editorial.

Correa, S. (2012). The Panama Railroad Company o cómo Colombia perdió una Nación. Bogotá: Centro de Estudios Superiores de Administración.

Galindo Cardona, Y. Garras de Oro: Un film silente y político sobre la pérdida de Panamá. En: http://bibliotecadigital.univalle.edu.co/bitstream/10893/944/1/p.119-134_2003.pdf

Manrique, J. (2014). Garras de oro, P.P. Jambrina. Bogotá: Revista Arcadia, 2014-01-23 En: http://www.revistaarcadia.com/impresa/especial-arcadia-100/articulo/garras-de-oro-pp-jambrina/35024

Rabinovich-Berkman, R. (2014). Historia del derecho. Un desafío apasionante. Buenos Aires: La ley.

Suárez J. y Arbeláez, R. (2009). Una muda conspiración contra Roosevelt: Garras de oro (The dawn of Justice). En: http://bibliotecadigital.univalle.edu.co/bitstream/10893/5236/1/una%20muda%20conpiracion.pdf